Consuelo Barea: “El silencio interior lleva a lo transpersonal”

febrero 25, 2009 at 9:28 am (Entrevistas) ()

LA ENTREVISTA CON CONSUELO BAREA, PSICOTERAPEUTA

Revela por primera vez su faceta espiritual. Dice que, si de pequeños nos enseñasen a calmar los pensamientos, otro gallo cantaría.

Consuelo Barea. Foto:  ALBERT BERTRAN

–¿Cómo ha llegado a lo espiritual una persona tan “cuadriculada” como usted?
–Sí, me defino como cuadriculada, y seria. Me he movido entre dos extremos: la ciencia pura y dura y la búsqueda interior. No veo que sean incompatibles. La ciencia todavía no abarca, ni muchísimo menos, grandes partes del espectro de la conciencia y de la realidad. Hay que ser humilde. En mi búsqueda interior, tengo compartimentos separados que estoy segura de que algún día, en el futuro de nuestra sociedad, estarán unidos.

–Estamos en los albores del desarrollo científico.
–Y mucho más: del desarrollo de la conciencia. Sabemos muy poco. La conciencia puede ir mucho más lejos de lo que solemos creer.

–Hay muchas puertas de entrada a eso que llamamos conciencia.
–Exacto. Rara es la persona que a lo largo de su vida, a raíz de un sueño o de una vivencia fuera de lo normal, ya sea por unión con todo lo que le rodea o porque consume alguna droga o porque hace meditación, no ha contactado con algo que es la conciencia del ser.

–¿De qué se trata?
–De algo que va más allá de los pensamientos. Generalmente, nos identificamos con pensamientos y sentimientos, pero estos van cambiando continuamente, no son estables. Por muy bonita que sea una emoción, pasa. No podemos mantener la mente fija ahí.

–¿Y qué es lo que subyace?
–Subyace la conciencia del ser, pero no nos educan para ver qué hay ahí detrás. En momentos esporádicos, rascamos un poco y notamos algo. “¿Qué hay ahí?”, nos preguntamos. Eso asusta. No se trata de creer o no: hablo de experiencias. ¿Quién soy yo? Es la gran pregunta que se han hecho los sabios a lo largo de los siglos.

–Pero en nuestra cultura, por hablar de estos temas, casi tienes que pedir perdón.
–Estoy totalmente de acuerdo: se juzga de manera peyorativa. Ojalá la especie homo sapiens sapiens algún día se convierta en la especie homo consciens.

–La ciencia, de hecho, cada vez se ocupa más de estas cuestiones.
–Sí. A mí, como matemática y médico, me dicen: “Pero ¡¿cómo hablas de estos temas?!”. Como si fuera algo esotérico e indigno. Y yo les respondo: “¡Qué cándidos sois! Lo más elevado de la ciencia va más allá de vuestra fantasía”. Hoy los físicos más excelsos están debatiendo si la realidad tiene más dimensiones de las que creemos o si podemos viajar en el tiempo. Conozco a personas en Estados Unidos que están a punto de clonar corazones humanos.

–Háblenos del silencio interior.
–Es el que yo intento cultivar. El silencio interior lleva a lo transpersonal. En realidad, llevamos al maestro dentro. Si ya de pequeños nos educaran para calmar los pensamientos y estar solamente ahí, en el ser, otro gallo cantaría.

–¿A qué se refiere cuando dice “lo transpersonal”?
–Solo se llega a él si el ego es fuerte. Si el ego no es fuerte, nunca hay que empezar por lo transpersonal, porque sería peligroso.

–¿?
–Hay un nivel primario de la conciencia que sería el prepersonal, el campo de la psiquiatría, por decirlo así. Son los mínimos de una personalidad para que pueda funcionar, el terreno de un profesional de la salud mental. Una vez tenemos esto, viene el campo personal, adjudicado a la psicología. Hay que fortalecer la personalidad: ser una persona asertiva, que pueda resolver conflictos, etcétera. A eso me refiero con lo de fortalecer el ego. Y una vez el ego es fuerte, hay que disolverlo.

–¿Cómo?
–Con relajación, meditación, artes marciales, etcétera. Se trata de darnos cuenta de que no acabamos en nuestra piel. Silenciando los pensamientos, empezaremos a entrar, lo más desnudos posible, en la zona donde se encuentra la conciencia del ser. Ese es solamente el principio del camino.

–Después, con suerte, llegará, por ejemplo, un viaje astral. ¿Qué es?
–La persona, dormida, está en fase Rem. Es un tipo de sueño, muy vívido, que suele asustar a la gente y que puede llevar a experiencias muy trascendentes, pero no deja de ser un sueño. En un viaje astral tienes la sensación de que despegas del cuerpo: te ves en la cama, ves con detalle la habitación, traspasas la pared, oyes voces, ves figuras y, al final, hay un cordón que tira para devolverte al cuerpo.

–Qué miedo.
–Son sueños que aterrorizan a muchas personas, porque son muy realistas en todas las sensaciones corporales. Pero, si superamos el miedo, los viajes astrales suelen proporcionarnos visiones muy importantes de nuestra vida.

Fuente: El periodico

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