Glòria Rosales y Gordana Vranjes : “Con el yoga descubres que ya estás lleno”

abril 24, 2008 at 8:00 am (Entrevistas) (, )

23/4/2008

LA ENTREVISTA CON GLÒRIA ROSALES Y GORDANA VRANJES, PROFESORAS DE YOGA

Hace unos años eran dos ejecutivas estresadas en Nueva York. Ahora publican La meva guia de ioga (Viena).

JOSEP GARCIA
Foto: JOSEP GARCIA
GASPAR HERNÀNDEZ

–A veces, mientras practico yoga, pienso en la lista de la compra.
–G. V.: Es normal que la mente se vaya. Se trata de recordarle que tiene que regresar. Una y otra vez. Regresar a la intención inicial de la sesión.

–Algunas posturas de yoga me causan dolor.
–G. V.: El dolor es cambio. Cada cambio causa dolor. Pero ese dolor te lleva hacia donde quieres ir. Lo importante es cómo reaccionamos ante el dolor, no el dolor en sí mismo.

–Pero es que algunas posturas de yoga son imposibles.
–G. R.: No tienes que usar tu cuerpo para hacer esa postura, sino usar la postura para ir abriendo tu cuerpo, para ir expandiéndote, enraizándote. La postura es una herramienta.

–¿Una herramienta para qué?
–G. V.: Por ejemplo, para entender que eres parte de un todo. Una vez un monje de la India me dijo: “Vosotros los occidentales todo lo queréis hacer solos”. Si alguna enfermedad hay en nuestra sociedad es este afán de individualizarlo todo: mi trabajo, mi casa, mi vida, yo soy así. Olvidas que eres una gota del mar.

–¿Cómo les ha cambiado el yoga?
–G. V.: Yo era una chica bastante ambiciosa y llegó un punto, en Estados Unidos, en que ya lo tenía todo. Pero me sentía muy vacía. Y el yoga me ayudó muchísimo.

–¿El yoga llena vacíos?
–G. R.: No llena vacíos, pero con el yoga descubres que ya estás lleno.

–Y te enseña a respirar.
–G. R.: A menudo no respiramos.

–¿?
–G. R.: Quiero decir que respiramos de una forma muy superficial, sobre todo cuando estamos tensos. Una respiración corta y rápida. Tal y como respires, será tu estado mental.

–¿Qué recomendarían a un lector estresado?
–G. R.: Que hoy haga una pequeña pausa de tres minutos, un par de veces. Que pare, que esté consigo mismo. Que no intente cambiar lo que siente. Estar con su estado de ánimo, sin cambiarlo. Nos machacamos demasiado.

–¿Cómo le ha ayudado a usted, Gloria, el yoga?
–G. R.: A mí el yoga me hace ser consciente. Ya de pequeña yo era descentrada, indisciplinada, ansiosa. Era la despistada de la clase.

–¿Y de mayor?
–G. R.: Ya de mayor, era incapaz de tomar decisiones. Tenía miedo al qué dirán. Hasta que me di cuenta de que sistemáticamente estaba actuando desde la idea que los demás tienen de mí. Gracias al yoga he aprendido que no soy mi posición social, ni mi nombre, ni mi prestigio. Si actúas desde la idea de cómo te ven los otros, la estás fastidiando.

–¿Por qué?
–G. R.: Porque actúas desde el miedo y desde el apego, movido por construir esa imagen falsa de ti.

–O sea, que no le importa lo que digan de usted.
–G. R.: No me lo tomo de forma personal, porque hablan de una forma, no de mi esencia.
–G. V.: Si mañana te arrancan un brazo, ¿serás menos tú? Si no tienes trabajo, ¿ya no eres tú? Del yoga he aprendido que cuando los otros hablan de mí, en realidad hablan como de un jersey. Pueden opinar si es bonito o si es feo, pero el jersey no soy yo, y me lo puedo quitar cuando lo desee. Eso da muchísima paz. El yoga es un enfoque holístico para vivir de una forma más sana: de afuera hacia dentro.

–Las mujeres preguntan si pueden practicar yoga con la menstruación.
–G. V.: Cada mujer es un mundo. En general, las posturas invertidas no se practican con la menstruación porque la energía del cuerpo va hacia abajo y, si te colocas del revés, trabajas contra ella. Pero hay mujeres que durante la menstruación tienen más ganas de practicar, porque están más en contacto con su cuerpo. Otras solo quieren descansar.

–El yoga está de moda. En Barcelona se practica más que el aeróbic.
–G. V.: Hace 10 años también estaba de moda en Nueva York. Había un centro en cada manzana. Creía que la moda sería pasajera.

–¿Y?
–G. V.: Ahora hay dos centros de yoga en cada manzana. Muchos practicantes empiezan siguiendo la moda, pero cuando saborean sus beneficios continúan. Unos beneficios que van de la relajación a la iluminación.

–¿Podemos trascender nuestro cuerpo?
–G. R.: Los ascetas lo utilizaban para trascender el cuerpo, pero hoy la visión ha cambiado. No se trata de trascender esta realidad no deseable hacia una deseable, sino de hallar claridad en todo lo que hay, aceptando la realidad en la que nos toca vivir y usando el cuerpo como guía.

–¿Y si alguien no puede usar el cuerpo?
–G. V.: Hay yoguis muy buenos que no tienen piernas.

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Elsa Punset: “La felicidad hay que ganársela”

abril 16, 2008 at 8:05 am (Entrevistas) (, , )

16/4/2008 Edición Impresa LA ENTREVISTA CON ELSA PUNSET, FILÓSOFA

Publica el libro Brújula para navegantes emocionales (Aguilar). Sostiene que las emociones no son buenas ni malas, sino útiles o perjudiciales.

GASPAR HERNÀNDEZ

–La OMS prevé que un 20% de la población sufrirá transtornos psicológicos en el 2020. ¿Qué está fallando?
–Nos hemos fijado en el bienestar físico de las personas, en el desarrollo intelectual y no hemos dado ninguna importancia al desarrollo emocional. Y además creíamos equivocadamente que el cerebro no era plástico: ahora sabemos que nunca es tarde para cambiar nuestros patrones emocionales, para comprender nuestras vidas y transformarlas.

–¿Cómo?
–Es el viejo “Conócete a ti mismo” de los griegos; solo que ellos no nos decían cómo. Se trata de conocer y gestionar nuestros mecanismos emocionales. O sea, lo contrario del control y la represión emocionales que ejercíamos hasta ahora.

–La escuela podría hacer mucho al respecto.
–Exacto. En el terreno del amor, por ejemplo, a los adolescentes solo se les habla de sexo. En eso consiste su pobre educación afectiva.

–No se les explica cómo amar mejor.
–Una de las grandes debilidades de la educación es que, a pesar de que sabemos que en nuestra tasa de felicidad las relaciones afectivas son el elemento más determinante, en la escuela no se explica qué significa amar y cómo se puede amar mejor. Hemos puesto el amor dentro del saco negro de las emociones, y es algo que nos ocurre. Sin embargo hay unas reglas del amor, unas pautas. Y no hablamos de nada de eso. Tapamos las emociones por pudor y desconocimiento.

–¿Estamos programados para ser felices?
–No, no estamos programados para ser felices, sino para sobrevivir. Es algo que debería cambiar nuestra forma de enfocar la vida diaria, el saber que nuestro cerebro lo que hace es prepararse para defenderse de cualquier amenaza exterior. Y nuestro cerebro es prodigioso, y dado a la imaginación.

–Por eso no solo nos asustan las amenazas reales, ¿no?
–Nos asustan también las amenazas imaginarias, con lo cual tendemos a estar a la defensiva. Ni nos damos cuenta de que estamos bien, porque para el cerebro es normal. Es como si dijera: “Está bien, pues no se lo recuerdo”. Por eso hay que saborear conscientemente las emociones positivas. Una de las paradojas más curiosas de las emociones positivas es que, para sentirlas, hay que recrearse en ellas de manera deliberada. La felicidad hay que ganársela.

–Los animales no se inventan el miedo.
–El miedo nos condiciona excesivamente. La cebra está pastando tranquilamente, hasta que se le aparece el león. Antes, ni se preocupa. Aparece el león y lo único que le importa es huir, porque es una lucha a vida o muerte. Pero, si sobrevive, una vez que el león desaparece, sigue tan contenta.

–A los humanos eso no les ocurre.
–Los humanos nos preocupamos por todo. “¿Llegaré a fin de mes? ¿Me dejará mi marido? ¿Les pasará algo a mis hijos?”. Nos atrincheramos en nuestros miedos.

–Y en la ira.
–Tenemos que aprender a gestionar la ira, porque así se funda la justicia social. Eso nos enseña a no ser pasivos, a defender lo que queremos. No podemos agredir a los demás con nuestra ira. Tenemos que lograr expresarla de forma razonable y constructiva, y esto es parte de la gestión emocional que deberíamos aprender desde pequeños. Y los adultos que no lo hemos aprendido tendríamos que hacerlo.

–Hasta hace pocos años, todo eso lo hacían por nosotros.
–Es que había unas estructuras sociales y religiosas muy rígidas. Todos las acatábamos. Cuando nacíamos, nos decían qué lugar debíamos ocupar en el mundo y cómo controlar –que no gestionar– nuestras emociones. Y es bonito que la gente hoy en día, ante el derrumbe de estas estructuras sociales, se esté viendo obligada a tomar sus vidas en mano. Y además se ha duplicado la esperanza de vida.

–Hay más tiempo.
–Ya no se trata de sobrevivir, sino de vivir bien. Y nuestras emociones colorean nuestro comportamiento minuto a minuto.

–¿Cómo educa a sus hijas, de 3 y 6 años?
–A veces me emociona ver el grado de madurez emocional que tiene mi hija mayor, Àlex. La madurez emocional que ella tiene yo tardé muchos años en adquirirla. Y en parte es porque desde que es muy pequeña le doy herramientas. Por ejemplo, cómo enfrentarse a la tristeza. No le digo que debe huir de ella, distraerse. Intento explicarle que es una emoción normal, que le surgirá a lo largo de su vida. El niño, por falta experiencia vital, suele tener miedo de las emociones. Si sus padres intentan distraerles, piensan que hay algo malo en sentirlas. Todo lo contrario.

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Masaru Emoto: “El intermediario con Dios es el agua”

abril 9, 2008 at 9:35 am (Entrevistas) (, , , )

Asegura que los pensamientos cambian la estructura molecular del agua. Acaba de presentar en Barcelona sus experimentos para acreditarlo.

GASPAR HERNÀNDEZ

–Según usted, los pensamientos cambian la estructura molecular del agua. ¿Por qué?
–Pregúnteselo a Dios. A mí me resulta imposible de explicar.

–Pero usted afirma que esto pasa.
–Sí, por supuesto. Llevo años investigándolo. Incluso la contaminación del agua desaparece dependiendo del pensamiento humano.

–Supongo que sus colegas científicos le habrán dicho de todo por manifestar estas cosas.
–Sí, pero como me llevo muy bien con mi esposa, no hay problema. Estamos constantemente de luna de miel y superamos juntos cualquier adversidad.

–Habla como si el agua pensara.
–El agua piensa, porque el agua es igual a nosotros. O sea, que nuestro pensamiento afecta al agua.

–Pues en Catalunya nuestro pensamiento debe de estar seco.
–Todos los problemas del agua, lo que me cuenta y los desastres naturales, ocurren por nuestra ignorancia con respecto a ella. Las personas tenemos encerrada dentro de nuestro cuerpo una inmensa cantidad de agua y, con humildad, deberíamos tener una mayor comprensión hacia ella. Es algo muy cercano a nosotros.

–Pero el problema es que fuera de nuestro cuerpo no tenemos agua.
–Tendríamos que respetar a la naturaleza, no forzarla. Intentar que no se produzcan desequilibrios allá donde no hay agua.

–Cambiemos de tema. ¿Por qué mis plantas están contentas cuando les hablo?
–Las personas podemos ajustar nuestras ondas a las de otros seres vivos. Dentro de nosotros tenemos ener- gía, y esa energía genera una vibración. Cuando dos seres vivos comparten las mismas vibraciones es cuando se progresa y se experimenta ese estado de unión. Si usted habla a sus plantas, es porque las ama.

–A veces me olvido de regarlas.
–Supongamos que las ama. Ese amor hace que usted iguale sus ondas de vibración con las flores. Por eso mejoran y están más bonitas.

–Somos agua. Si nos decimos palabras negativas, ¿hasta qué punto nuestro cuerpo se va a resentir?
–Con efecto inmediato. Si yo le digo algo muy duro a mi mujer, ella se queda en cama una semana.

–Una mujer sensible.
–Con mis palabras agresivas, el agua de su cuerpo cambia radicalmente, sufre choques y malestar. Pero también si las palabras son suyas. La vibración siempre emite sonido o ruido y eso afecta al agua y, por lo tanto, a nuestro cuerpo.

–Uno de sus experimentos más famosos está hecho con arroz (el arroz es agua, como nosotros). El mismo experimento lo puede poner en práctica cualquier mortal. Tomamos dos paquetes de arroz. A uno lo insultamos a diario durante un mes y al otro no. El que recibe los insultos, se pudre.
–Exacto. Así es. En mi libro están las fotos que lo demuestran.

–¿Y el arroz entiende todos los idiomas?
–Hace un mes estuve en el museo del agua del Ecuador, donde estaban expuestas unas 60 fotos con mis experimentos. Hubo una cosa que me emocionó. Vinieron unas mil personas a verla. En la entrada del museo había dos recipientes con arroz hervido. El de la izquierda tenía un cartel que decía al visitante: “Insúlteme todo lo que pueda y maldiga todo lo que quiera”. Y el de la derecha, un cartel con esta frase: “Dígame buenas palabras”. Y todas las palabras fueron dichas en español.

–En español hay grandes insultos.
–Me emocionó constatar cómo el arroz de la izquierda se pudrió. O sea, que el resultado fue el mismo que cuando insultamos al arroz en japonés. Tengo las fotografías.

–¿Qué es para usted Dios?
–Yo creo que existe un Dios grandioso, con el que nosotros estamos directamente conectados. No me cabe duda alguna. Y creo que nuestro intermediario con Dios es el agua. Por eso podemos calificar al agua como mensajero de Dios. ¿Sabía que últimamente se ha descubierto la quinta dimensión?

–Pues no. Ni me he enterado.
–Una profesora de la Universidad de Harvard, especialista en física teórica, lo ha acreditado.

–¿Pero no vivíamos en un mundo tridimensional?
–Esta doctora de Harvard ha demostrado que este mundo tridimensional está rodeado de otra dimensión, llamada la quinta dimensión, una especie de sopa de información de donde van entrando varias informaciones de nuestro mundo. Personas como Jesucristo o Buda captaron la presencia de esta quinta dimensión y divulgaron la información que vislumbraron allí. O sea, que la quinta dimensión es lo que nos conduce a Dios, y yo estoy seguro de que el intermediario es el agua.

Publicado en El Periódico 09/04/08

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