La paz interior es la mejor medicina
LA ENTREVISTA CON TSEWANG TAM, MÉDICO PERSONAL DEL DALÁI LAMA
Ha recibido diversos reconocimientos y medallas de oro en medicina a nivel internacional y estos días visita por primera vez Catalunya.
–¿Si soy feliz no enfermaré?
–Si eres feliz, no tienes por qué estar enfermo. Pero este ser feliz no significa que en un momento u otro de tu vida no pases por la experiencia del sufrimiento. Podemos sufrir o sentir dolor, y a la vez ser felices.
–Pues qué bien. ¿Lo puede argumentar?
–La infelicidad proviene del miedo, de la ansiedad, del pensar demasiado y angustiarse a base de darle demasiadas vueltas a los problemas.
–¿Cómo influye el estado de ánimo en las enfermedades?
–La influencia es del cien por cien. Si usas mal tu mente, como por ejemplo preocupándote demasiado, te creas sufrimiento, y eso puede derivar en enfermedad.
–Le pregunto lo mismo que hace un mes le preguntábamos a su colega, el Lama Lobang: ¿cuál es la causa principal de enfermedad, según la medicina tibetana?
–La pérdida del estado de equilibrio del cuerpo.
–Pero a veces los motivos vienen de fuera. Estos días, mucha gente tiene la gripe…
–Los gérmenes nocivos y virulentos son una causa, pero solamente secundaria. Los gérmenes nocivos por sí mismos no pueden producir enfermedades si no encuentran un terreno propicio.
–¿Cómo está su paciente, el dalái lama, de salud?
–Estupendamente. Solo tiene usted que mirar cómo se mueve, cómo habla, lo ágil que está y lo mucho que trabaja, con horarios increíbles. Los jóvenes no puede aguantar su paso.
–Él, que está tan entrenado para ser feliz, vivirá más de 100 años…
–La duración de nuestra vida, la longevidad, tiene mucho que ver con la felicidad que cultivemos. La paz interior es la mejor medicina. También para vivir más años. Las preocupaciones interfieren en el funcionamiento de las células de los órganos. Y eso lleva a tomar medicamentos, y a estar cada vez peor.
–¿Algún otro consejo?
–Prestar mucha atención a lo que comemos.
–¿Cuál es su truco para conseguir la felicidad?
–Estar satisfecho con lo que haces y contento con lo que tienes. Y, sobre todo, no compararte nunca con los otros. La sociedad occidental estimula mucho la comparación, compararse con lo que tiene el vecino, y eso solo conduce a la infelicidad.
–Las religiones, en teoría, tendrían que ayudar…
–Son un buen camino para conseguir la felicidad, porque nos enseñan cómo querer más y cómo estar mejor con nosotros mismos. No solo el budismo. Una vida espiritual ayuda mucho.
–¿Y usted es feliz?
–Sí. Estoy contento con muchas cosas. Intento mantener el equilibrio siendo consciente de que no hay fin para el sufrimiento, a no ser que estés iluminado.
–¿Qué actitud recomienda a sus enfermos?
–En primer lugar, entender qué es lo que causa el sufrimiento, pero no solo su sufrimiento particular, sino el sufrimiento en general. Y, por otro lado, analizar cómo se puede haber generado su enfermedad y rectificar actitudes. Si nos duele el estómago, no se trata de buscar las pastillas que nos van a aliviar el dolor, sino variar comportamientos para que eso no vuelva a ocurrir. Preguntarme qué estoy haciendo yo para que me esté pasando eso, qué circunstancias están generando esa enfermedad que ahora me hace sufrir.
–¿Y algo más práctico?
–Leer libros sobre el amor y la compasión, por ejemplo. Escuchar música, un abrazo, hablar. Depende del carácter de cada persona.
–¿Y reír?
–Es muy importante. La risa cura.
–¿…?
–Le pondré un ejemplo. Durante mucho tiempo se ha tratado a los enfermos de sida como apestados. Les faltaba amor, contacto humano, y, por tanto, risas. Todo eso también es importante para curarse. De hecho, la curación es un arte.
–Usted cree en la reencarnación. En esta vida, como médico, está haciendo el bien. ¿Qué le gustaría hacer en otra vida?
–Lo mismo. Estoy muy bien siendo quien soy. Lo que eres hoy depende de lo que fuiste en vidas anteriores, y tus siguientes vidas serán según lo que estés haciendo ahora.
–La gente que ahora no sufre, ¿en vidas pasadas hizo bondad?
–Exactamente. Pero, atención, porque si no aprovecha esta existencia para llevar una vida sana y feliz, en el futuro se le acabará, si me permite la expresión, el crédito. Es importante entender el sufrimiento de los demás, aunque uno no lo haya sufrido o no lo sufra: entender el fuerte dolor de cabeza del compañero de trabajo, aunque tú no lo sufras.
Fuente: El periodico
“Nuestras intenciones nos crean el destino”
LA ENTREVISTA CON JOE DISPENZA, BIOQUÍMICO Y DOCTOR EN QUIROPRAXIA
Miles de personas le han escuchado hablar de “la ciencia de cambiar la mente” o la capacidad de decidir cómo queremos que sean nuestros días.
–¿Cuál es su propósito en la vida?
–Mi propósito es ayudar a la gente a cambiar. Neurológica, biológica y genéticamente, somos lo que pensamos. Y la ciencia está empezando a apuntar en la dirección de que nuestros cuerpos y mentes son un reflejo de nuestros pensamientos y actos.
–El llamado “pensamiento positivo” está provocando frustración. La gente cree que pensando positivamente las cosas cambiarán. Y no cambian.
–Porque no basta con pensar positivamente. Cuerpo y mente tienen que ir a una. A veces, la gente intenta ser positiva cuando en realidad se siente negativa, por eso el pensamiento positivo no funciona. Son personas que viven en un estado mental turbado. Su cuerpo no sigue a su mente. Viven 20 años con un modo de pensar, infelices, y después quieren que todo cambie. El inconsciente conecta con el cuerpo, que se siente negativo. Tenemos que entrenar la mente y el cuerpo para que trabajen juntos. Entrenar para la intención positiva. Nuestras intenciones crean nuestro destino.
–El privilegio del ser humano es que puede crear pensamientos más reales que cualquier cosa.
–Eso se puede aprender. Podemos crear el futuro que ahora mismo está en nuestra mente. La realidad irá en la dirección de nuestros pensamientos. Se trata de pensar y actuar más allá de nuestro entorno, tal y como han hecho los líderes de la historia. Si organizamos nuestro cerebro para que sea como el entorno actual, todo continuará igual.
–Usted entrena a su hija y ella está aprendiendo deprisa…
–Entreno a mis hijos para que creen su propia realidad. Hacen los ejercicios como un niño toca el piano, practicando mañana, tarde y noche. Así ejercitan su mente. El trabajo consiste en sentir aquello que desean con su mente y cuerpo, como si ya hubiese sucedido. No se pueden levantar siendo la misma persona que la que se ha sentado. Mi hija imaginó que compraba sin límites: lo que quería.
–¿Y lo consiguió?
–Sí. Trabajó mentalmente en ello. Y un día me llamó para decirme que había conseguido gastar en ropa más de 7.000 dólares. ¡En una sola compra! Fue un regalo del jefe de la tienda, porque conocía al padre de la amiga que la acompañaba.
–Usted empezó a querer cambiar a raíz de un hecho que no tiene nada de superficial.
–En 1985, yo practicaba muchos deportes. Un día montaba en bicicleta y choqué contra un camión. Me rompí seis costillas. El médico que me atendió dijo que no podría caminar nunca más. En California, los cirujanos me dijeron que la cirugía era la única opción que me quedaba. Decidí que no me operaría y que usaría mi mente para que mi cuerpo mejorase. Y funcionó. Decidí dedicar mi vida a estudiar la conexión entre cuerpo y mente para lograr cambios.
–¿Y qué le dicen los médicos?
–He hecho conferencias para doctores y me ha sorprendido su falta de resistencia a mis argumentos. Todos están de acuerdo en que la gente que tiene una buena actitud responde mejor a los tratamientos. Y los pacientes que creen en sus doctores mejoran más rápido. Si el pensamiento no tuviese nada que ver con la salud del cuerpo, no existiría el efecto placebo. En todo caso, en plena era de la información, los modelos médicos están cambiando.
–¿Qué le dice su madre de sus teorías?
–Mi madre es una persona muy práctica y yo aprendo mucho de ella. Y a la vez ella representa un ejemplo de las cosas que yo enseño, porque hace cambios constantemente. Y también es feliz de verme cambiando todo el tiempo, porque constata que cada cambio me produce alegría.
–Usted se apoya en la ciencia, en la física cuántica.
–Utilizo mucho la cultura científica en mis conferencias. Constantemente leo y estoy atento a los últimos avances, estudio mucho. La ciencia ha dado un giro en los últimos 20 años porque la tecnología ha cambiado radicalmente.
–¿Cómo imagina a Dios?
–Lo imagino omnipotente, omnipresente. Lo sabe todo. Una fuerza invisible. Dios es el pegamento que lo une todo. Una mente colectiva e individual a la vez, que une desde el más pequeño microorganismo hasta la menor partícula subatómica. Toda la información, todas las experiencias viven en esa mente. Es un gran mar de potencialidades. Y nosotros podemos conectar con él, y lo podemos utilizar para diseñar nuestro destino.
–¿Usted cree que hay vida después de la muerte?
–La conciencia sigue después de que se produzca la muerte. La energía nunca llega a desaparecer. La conciencia mueve información, y esa información es la expresión de lo que tú eres. Cuando el cuerpo muere, lo que anima al cuerpo, sea lo que sea, sigue viviendo.
Saber perdonar
La habilidad de perdonar a los demás depende de cuán sinceros seamos con nosotros mismos. ¿Acaso nuestro viaje por esta vida ha sido de pureza, perfección y limpieza, sin un pensamiento, palabra o acción erróneos? Si nos vemos con sinceridad, ¿cómo no perdonar a los demás? Cuando aceptamos nuestras deficiencias desaparece nuestro enojo hacia otros. Todos hemos actuado erróneamente en el pasado, ya sea por no haber sabido lo que era correcto o movidos por el miedo o la falta de comprensión.
Cuando examinamos el pasado, solemos arrepentirnos de muchas cosas que dijimos o hicimos. Una vez que ha pasado el tiempo y que adquirimos una mayor comprensión nos damos cuenta de lo que es correcto y podemos empezar a rectificar. Con el simple deseo de hacerlo iniciamos el proceso de perdonarnos a nosotros mismos. Para que el proceso continúe debemos perdonar a los demás. No es posible condenar a los demás y disculparnos; esto es hacer trampa, y un auto-engaño. El poder de perdonar surge de la compasión.
El perdón hace desaparecer la necesidad de demostrar que tenemos razón y nos permite eliminar la indignación debida a supuestas injusticias. Si no aprendemos a perdonar, el resentimiento nos envenenará. Aquellos que no perdonan, que insisten en interpretar el papel de jueces, deberán esperar lo mismo a cambio; ¿cómo podría ser de otra manera?
Cuando no perdonamos llevamos una doble carga: tanto el resentimiento por la injusticia cometida por otros como la oculta realidad de nuestra propia injusticia. El perdón nos libera de esas amargas emociones. Perdonar significa ser compasivo y avanzar pacíficamente sabiendo poner un punto final en nuestra mente y en nuestro corazón. Perdonar es un signo de sabiduría espiritual.
Fuente: Reflexiones espirituales de Brahma Kumaris
“Las personas que destacan ofenden”
LA ENTREVISTA CON MARIA MERCÈ CONANGLA, PSICÓLOGA
“Las personas que destacan ofenden”
Publica, junto a Jaume Soler, Sin ánimo de ofender (Integral), un libro que propone practicar la humildad para dejar de sentirnos tan ofendidos por todo.Foto: RICARD CUGAT
–¿Qué es una ofensa?
–Un contaminante emocional de elevada toxicidad. Tiene como punto de partida algo que uno percibe como una agresión, aunque no todas las agresiones acaban en ofensa.
–Hay personas que se ofenden con facilidad…
–Normalmente, es gente con un ego inflado. No está satisfecha con su proyecto de vida e intenta buscar culpables fuera. Así no asume la responsabilidad de hacer cambios.
–¿Qué tengo que hacer para no ofender?
–Es imposible pasar por la vida sin dejar ofendidos e intentado cumplir las expectativas de todo el mundo. Tenemos que intentar vivir en coherencia con lo que somos y nuestro proyecto. Eso sí, podemos mejorar nuestras competencias emocionales. Pero quien busca motivos para ofenderse, siempre los va a encontrar.
–Ofensa y envidia van de la mano.
–Sí. Cuando alguien tiene una expectativa de lo que quisiera en su vida y no se cumple y, en cambio, a alguien cercano aquello le está funcionando bien, se siente ofendido y aparece la envidia.
–También aparece en los amigos.
–Según Nietzsche, el buen amigo se reconoce porque es capaz de compartir tu alegría. Cuando uno está mal, encuentra fácilmente amigos con los que compartir su pena, porque se establece una relación de poder. El que ayuda se siente más fuerte: “Me das pena”, piensa. Una buena señal de madurez es no sentir envidia cuando esa persona pasa por un buen momento.
–Y, si en vez de ser amigo, es enemigo, empieza el rumor y la destrucción.
–Piensan: “Eso tenía que ser para mí”. O bien le quitan mérito: “Eso se lo han regalado”. Lo viven como injusto, o como una agresión a su ego. Si la persona no es madura, reacciona agrediendo o minimizando los logros del otro.
–Oliver Stone dijo: “Mi obra dejará muchos ofendidos porque es poderosa”.
–Las personas que destacan, ofenden. Cuando aparece una gran figura, todos los necios se conjuran en su contra. Son un espejo en el que ven reflejada su propia incapacidad.
–La masa suele ser conservadora.
–La masa y el individuo. Cuanto más inseguros nos sentimos, más nos agarramos a las certezas. Tenemos que trabajar el pensamiento flexible e intentar ver las cosas desde distintos ángulos para comprender mejor que no todo lo que hacen los demás tiene que ver con nosotros, o se hace contra nosotros. No somos tan importantes.
–Nos falta humildad.
–Es uno de los valores importantes para gestionar la ofensa. Cuando uno es muy narcisista, muy egocéntrico, cualquier gesto, comentario, cree que tiene que ver con él. Pero no somos el centro del mundo.
–Pues nuestra clase política tiene algo de narcisista, porque se ofende con mucha facilidad.
–Sí. Lo que somos nosotros, eso es el mundo. Cuando me siento herido o menospreciado y no sé qué hacer con este caos, lo más fácil es volcar la basura emocional hacia afuera y empezar a contaminar a los demás. Las luchas de poder, territoriales, entre comunidades, e incluso la violencia de género tienen que ver con la ofensa. A veces se transmite de generación en generación. Y, sin saber la causa, la última generación hereda el caos y la aversión a un colectivo.
–¿Qué podemos hacer para no tener tanta basura emocional?
–Gandhi se preguntaba: “Si cada día nos arreglamos el cabello, ¿por qué no hacemos lo mismo con el corazón?”. Nadie tiene el poder de ofendernos si no se lo concedemos. Einstein decía que hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Es importante la educación emocional, educar y proteger creando una buena autoestima, que no tiene nada que ver con el orgullo y la soberbia. Es una gran vacuna no dañarnos a nosotros ni a los demás.
–Si me ofendo, ¿cómo puedo manifestarlo?
–Todos nos ofendemos, y no tenemos que cargar con el peso de la ofensa. Lo recomendable sería canalizar esas emociones negativas en seguida: la inseguridad, la sensación de desprecio, el resentimiento. Y aprender de la situación algo que nos sirva para mejorar. Y, si es preciso, hacer una devolución a esa persona, pero siempre desde el yo.
–¿Qué quiere decir?
–Es diferente decir al otro “me estás ofendiendo” o “calla, eres muy agresivo”, que decirle “cuando me has hablado así, me he sentido herido”.
–Y, quizá, con un poco de suerte, el otro nos pida perdón.
–Sí, lo que pasa es que ahora se utiliza el perdón como pretexto. Woody Allen dice: “Lo que más odio es que pidan perdón antes de pisarme”. O sea, que el perdón se utiliza como muletilla antes de herir. Perdona pero… y luego va el dardo.
Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=472997&idseccio_PK=1006&h=
Cómo perdonar
Hoy queremos compartir con vosotros un artículo aparecido en el dominical de la vanguardia en abril de este año. Lo podeis bajar en formato pdf (10 megas). Es muy recomendable.
Tulku Lama Lobsang: “Cuando alguien ríe, nos abre su corazón”
- ELISENDA PONS y GASPAR HERNÁNDEZ
Médico tibetano. Viaja por todo el mundo impartiendo sus enseñanzas de medicina, psicología y astrología, y curando con las manos y la mirada
–Cuando un paciente viene a su consulta, ¿cómo descubre cuál es su enfermedad?
–Mirando cómo se mueve, su postura, la forma de mirar. No hace falta que me hable ni me explique qué le pasa. Un doctor de medicina tibetana experimentado, solo con que el paciente se le acerque a unos 10 metros, puede saber qué dolencia sufre.
–Pero también escucha los pulsos.
–Así obtengo la información que necesito de la salud del enfermo. Con la lectura del ritmo de los pulsos se pueden diagnosticar un 95% de las enfermedades, incluso psicológicas. La información que dan es rigurosa como la de un ordenador. Pero leerlos requiere mucha experiencia.
–Y después, ¿cómo cura?
–Con las manos, la mirada, y preparados de plantas y minerales.
–Según la medicina tibetana, ¿cuál es el origen de las enfermedades?
–Nuestra ignorancia.
–Pues perdone la mía, pero, ¿qué entiende usted por ignorancia?
–No saber que no sabes. No ver con claridad. Cuando ves con claridad, no tienes que pensar. Cuando no ves claramente, pones en marcha el pensamiento. Y cuanto más pensamos, más ignorantes somos y más confusión creamos.
–¿Cómo puedo serlo menos?
–Le daré un método muy simple: practicando la compasión. Es la manera más fácil de reducir tus pensamientos. Y el amor. Si quieres a una persona de verdad, es decir, si no la quieres solo para ti, aumenta tu compasión.
–¿Qué problemas ve en Occidente?
–El miedo. El miedo es el asesino del corazón humano.
–¿Por qué?
–Porque con miedo es imposible ser feliz, y hacer felices a los otros.
–¿Cómo afrontar el miedo?
–Con aceptación. El miedo es resistencia a lo desconocido.
–Y como médico, ¿en qué parte del cuerpo ve más problemas?
–En la columna, en la parte baja de la columna: os sentáis demasiado tiempo en la misma postura. Vitalmente, tenéis demasiada rigidez.
–Tenemos muchos problemas.
–Creemos que tenemos muchos problemas, pero en realidad nuestro problema es que no los tenemos.
–¿Qué quiere decir?
–Que nos hemos acostumbrado a un nivel de necesidades básicas cubiertas, de modo que cualquier pequeña contrariedad nos parece un problema. Entonces, activamos la mente y empezamos a darle vueltas y más vueltas sin solucionarlo.
–¿Alguna recomendación?
–Si el problema tiene solución, ya no es un problema. Si no, tampoco.
–¿Y para el estrés?
–Para evitarlo, lo mejor es estar loco.
–¿…?
–Es una broma. No, no tan broma. Me refiero a ser o parecer normal por fuera, y por dentro estar loco: es la mejor manera de vivir.
–¿Qué relación tiene usted con su mente?
–Soy una persona normal, o sea que a menudo pienso. Pero tengo entrenada la mente. Eso quiere decir que no sigo a mis pensamientos. Ellos vienen, pero no afectan ni a mi mente ni a mi corazón.
–Usted se ríe a menudo.
–Cuando alguien ríe, nos abre su corazón. Si no abres tu corazón, es imposible tener sentido del humor. Cuando reímos, todo es claro. Es el lenguaje más poderoso: nos conecta a unos con otros directamente.
–También acaba de editar un cedé de mantras con una base electrónica, para el público occidental.
–La música, los mantras y la energía del cuerpo son lo mismo. Como la risa, la música es un gran canal para conectar con el otro. A través de ella, podemos abrirnos y transformarnos: así la usamos en nuestra tradición.
–¿Qué le gustaría ser de mayor?
–Me gustaría estar preparado para la muerte.
–¿Y nada más?
–El resto no importa. La muerte es lo más importante de la vida. Creo que ya estoy preparado. Pero antes de la muerte, debemos ocuparnos de la vida. Cada momento es único. Si damos sentido a nuestra vida, llegaremos a la muerte con paz interior.
–Aquí vivimos de espaldas a la muerte.
–Mantenéis la muerte en secreto. Hasta que llegará un día de vuestra vida en que ya no será un secreto: no os podréis esconder.
–Y la vida, ¿qué sentido tiene?
–La vida tiene sentido, y no. Depende de quién seas. Si realmente vives tu vida, entonces la vida tiene sentido. Todos tenemos vida, pero no todo el mundo la vive. Todos tenemos derecho a ser felices, pero tenemos que ejercer ese derecho. Si no, la vida no tiene sentido.
Fuente: El periódico
